Un olvido no es casual.

martes, 31 de agosto de 2010

Enloqueciendo

Como un enigma perdido hace mucho en medio del caos de tu vida diaria
Esa flecha dorada del anteluz de sangre roja inflamada, cortante como un bisturí

Mis sentimientos están condenados a impregnarse de rabia y autodestrucción
He mirado mi huella y no puedo decir que estoy orgulloso de mi existencia

El veneno de tus entrañas carcome mis huesos, el reverso nunca es apropiado
Como un enigma perdido hace mucho en medio del desperdicio qué es tu mente hoy día.

 
Mi mente, tu mente, adentro, enloqueciendo por siempre.

Maldad

Justo cuando pensaba que podía ser un mejor ser humano, descubrí que la maldad nunca podría irse. Estaba bien metida en mis huesos, y corría por mis venas.

Más de un vez pensé que podía superar los temas grotescos, pero he vuelto a lo mío, y la muerte se pasea otra vez por mí mente.

Ahí está ella durmiendo. Y no tiene ni idea de lo que voy a hacerle.

Primero voy a violarla hasta quedarme sin semen. Y cuando la última gota quede dentro, comenzare a patearla. Sobre todo en su vientre para reventarle el útero. Porque esta perra no merece que la deje embarazada. Cuando grite de dolor, la patearé con más fuerza. Cuando llore, le escupiré en la cara y la mirare a los ojos con todo el odio que guarda mi corazón.

Voy a partirle el rostro a golpes, y cuando sangre solo la golpeare más. Voy a sacarle los dientes a patadas, me voy a divertir gritándole en su cara toda la mierda que me ha estado ocultando. La voy a desnudar para humillarla, para hacerla sentir como la puta que es. La arrastraré del cabello hasta el baño, y la mojaré con agua helada hasta dejarla convulsionando.

Cuando se recobre, le meteré mi pene hasta al fondo en su boca, para intentar eyacularle una vez más. Y si no puede respirar, se lo meteré incluso más adentro para demostrarle que yo tengo todo el poder sobre su destino, y que si quiero en un instante la puedo matar.

Haré que me pida disculpas, le diré que es una perra, que no merece vivir. La cortare con una navaja para que salga de su cuerpo toda esa sangre contaminada. Y mientras sienta que va a desmayarse, y mientras le invada las ganas de morirse, le meteré lentamente la navaja en la vagina, para asegurarme que ningún otro hombre vuelva a poseerla sin que sienta el terrible dolor de saber que es una prostituta.

Me tendrá miedo. Su cuerpo temblara al verme, y sabrá que yo soy su dueño. Me respetará, y nunca hará nada que vaya contra mis deseos. Se volverá mi esclava, y la humillaré aún más.

Tráfico

-¿Seiscientos? – Le preguntó al hombre de blanco.
-Sí.
-¿Dólares?
-Tal y como acordamos.
-Entonces.
-Vas a echarte y sentirás solo un pinchazo.
-¿Así no más?
-No, te llevaremos a mi consultorio cuando estés dormido.-
-Ok.-

Entonces los otros dos hombres lo sujetaron y el hombre de blanco hundió el bisturí en su vientre, retiró el riñon y lo dispuso en un congelador.

-Ahí está tu dinero – Le dijo con sarcasmo, y salió del almacén.